La tendencia viral promete recuperar la concentración y romper malos hábitos alejándose del celular, videojuegos y otras fuentes de placer. Sin embargo, los especialistas aseguran que la explicación detrás del famoso “ayuno de dopamina” no es exactamente como se cuenta en redes sociales.

Seguramente has visto videos de personas que aseguran haber cambiado su vida después de pasar días sin redes sociales, videojuegos, comida rápida, compras impulsivas o cualquier otra actividad que les genere placer inmediato.

La práctica suele conocerse como “ayuno” o “desintoxicación de dopamina” y parte de una idea sencilla: si una persona se aleja durante un tiempo de estos estímulos, supuestamente puede “reiniciar” su cerebro y recuperar el control sobre sus hábitos.

Pero hay un problema: la dopamina no es una toxina de la que el cerebro necesite deshacerse.

Entonces, ¿qué es realmente la dopamina?

La dopamina es un neurotransmisor que participa en diferentes procesos cerebrales relacionados con el aprendizaje, la motivación, la atención y la formación de hábitos.

Por eso, especialistas como Stephanie Borgland, investigadora de la Universidad de Calgary, señalan que hablar de una “desintoxicación” de dopamina puede resultar engañoso.

El cerebro utiliza este sistema para aprender qué comportamientos vale la pena repetir. Por ejemplo, revisar constantemente el celular puede convertirse en un hábito porque cada notificación, mensaje o contenido nuevo genera una expectativa de recompensa.

Con el tiempo puede aparecer un ciclo:

impulso → acción → recompensa → repetición.

Y ahí es donde reducir determinados estímulos sí puede ser útil.

 ¿dejar el celular sí sirve?

Puede ayudar, pero no porque estés “limpiando” la dopamina de tu cerebro.

Reducir el tiempo frente a las pantallas puede disminuir la sobreestimulación, facilitar la concentración y permitir que una persona sea más consciente de cuánto tiempo dedica a determinadas actividades.

La diferencia es importante.

Los expertos consultados por SELF explican que no existe evidencia de que pasar unos días sin redes sociales o videojuegos produzca un “reinicio químico” del cerebro.

Además, tampoco hay pruebas de que el uso habitual de redes sociales o dispositivos electrónicos produzca cambios en el sistema de recompensa comparables con los provocados por sustancias como la cocaína.

En muchos casos, lo que existe es un hábito difícil de controlar, no necesariamente una adicción severa.

🔄 El problema de volver a los viejos hábitos

Aquí aparece otro de los grandes problemas del famoso “ayuno”.

Una persona puede eliminar Instagram, TikTok o los videojuegos durante varias semanas y sentir que tiene más tiempo disponible. Pero cuando vuelve a utilizarlos, el hábito puede regresar con ellos.

Por eso, los especialistas consideran que simplemente eliminar un estímulo durante un periodo determinado no necesariamente cambia el comportamiento a largo plazo.

La clave estaría en crear nuevas rutinas.

En lugar de tomar el celular automáticamente cuando aparece el aburrimiento, por ejemplo, una persona podría salir a caminar, leer, hacer ejercicio o realizar alguna actividad que no dependa de una pantalla.

El objetivo no sería eliminar el placer, sino modificar la relación que tenemos con determinados estímulos.

🚨 ¿Y si dejamos de hacer todo lo que nos gusta?

Aquí también existe un riesgo.

Intentar eliminar absolutamente todos los estímulos placenteros puede convertir la práctica en un enfoque extremo y poco sostenible.

La psicóloga Susan Albers, de Cleveland Clinic, plantea que el concepto debería entenderse más como una oportunidad para reducir la sobreestimulación y prestar atención a dónde dirigimos nuestro tiempo y nuestra atención, en lugar de intentar “purificar” el cerebro.

Por eso, puede ser más útil comenzar con pequeños cambios: reducir el tiempo en una aplicación específica, establecer momentos sin celular o reemplazar ciertos hábitos digitales por actividades fuera de línea.

🤔 Entonces, ¿el “ayuno de dopamina” funciona o no?

Si la idea es “reiniciar” químicamente el cerebro, la respuesta es no.

Pero si se utiliza como una forma de identificar hábitos, reducir la sobreexposición a estímulos y recuperar parte del control sobre el tiempo que pasamos frente a una pantalla, sí puede convertirse en una herramienta útil.

La próxima vez que veas a alguien diciendo que pasó 24 horas sin celular para “eliminar la dopamina”, recuerda algo:

🧠 No estás desintoxicando tu cerebro de la dopamina. Estás intentando cambiar tus hábitos.