Una demostración de Andon Labs mostró hasta dónde pueden llegar los modelos de inteligencia artificial cuando dejan de limitarse a una pantalla y comienzan a interactuar con el mundo físico.
La prueba utilizó un dron especialmente preparado para evaluar las capacidades de GPT-6 Astra, el nuevo modelo de inteligencia artificial de OpenAI, con una tarea que parece sacada de una película: encontrar y seguir a una persona específica dentro de un espacio físico.
Aunque GPT-6 Astra no cuenta oficialmente con una función integrada que le permita controlar drones de manera autónoma en el mundo real, Andon Labs logró conectar el modelo con un sistema de vuelo para poner a prueba sus capacidades de percepción, navegación y seguimiento.
“Encuentra a esta persona y síguela”
Andon Labs, una startup dedicada a investigar el comportamiento y las capacidades de agentes de inteligencia artificial en entornos reales, publicó una demostración en la que un dron navega por sus oficinas siguiendo instrucciones dadas al modelo.
La compañía desarrolló Drone-Bench, una prueba diseñada para evaluar cinco capacidades diferentes: reconstrucción del entorno, localización, navegación, detección y seguimiento.
En una de las demostraciones, el sistema recibió la instrucción de encontrar y seguir a una persona específica. El dron tuvo que desplazarse por el espacio, interpretar lo que encontraba y determinar cómo llegar hasta su objetivo.
La prueba busca responder una pregunta que cada vez cobra más importancia en el desarrollo de la IA: ¿qué ocurre cuando un modelo que normalmente trabaja con información digital puede controlar herramientas que interactúan físicamente con el mundo?
El resultado fue llamativo, pero no significa que la IA sea infalible
Según Andon Labs, GPT-6 Astra consiguió superar al modelo de referencia humano en las cinco tareas de Drone-Bench en al menos uno de los intentos realizados.
Sin embargo, existe un detalle importante.
La propia compañía señaló que, aunque las mejores ejecuciones lograron superar todas las pruebas, una ejecución promedio tenía una probabilidad de éxito de principio a fin de apenas 2,8 %.
Los principales problemas aparecieron en tareas como la detección y la reconstrucción del entorno, lo que demuestra que todavía existen importantes limitaciones cuando estos sistemas deben desenvolverse en situaciones físicas reales.
La demostración, por lo tanto, no significa que un dron controlado por IA pueda salir a buscar personas de manera completamente confiable. Más bien, muestra el potencial y, al mismo tiempo, las dificultades de conectar modelos avanzados de lenguaje con sistemas capaces de actuar en el mundo físico.
De los chats a las máquinas
El experimento de Andon Labs refleja una tendencia cada vez más evidente en la industria tecnológica: los modelos de IA están dejando de ser únicamente herramientas para escribir textos, generar imágenes o responder preguntas.
Ahora también pueden utilizar computadores, interactuar con diferentes herramientas y, mediante sistemas desarrollados por terceros, comenzar a controlar dispositivos físicos.
Y aquí aparece uno de los grandes retos: cuanto más autonomía obtiene una IA, mayor es la importancia de establecer límites, supervisión y mecanismos de seguridad.
El experimento con el dron todavía está lejos de representar una tecnología perfecta, pero deja una imagen difícil de ignorar: una inteligencia artificial recibiendo una orden y utilizando una máquina para desplazarse por un espacio físico hasta encontrar a una persona.
La IA ya no solo está aprendiendo a usar el computador. Ahora también se está poniendo a prueba fuera de él.