Un mes después del terremoto que sacudió al país, los homenajes recordaron a las víctimas, pero también dejaron historias de solidaridad que difícilmente caben en una cifra.
A las 7:34 de la mañana del jueves 10 de septiembre, Cali volvió a detenerse. Las campanas, las rosas blancas y los globos que se elevaron al cielo marcaron un mes desde la tragedia que cambió para siempre la vida de cientos de familias.
En la parroquia María Inmaculada, en el barrio Ciudad Capri, familiares, vecinos y autoridades se reunieron para recordar a quienes perdieron la vida.
El alcalde de Cali, Alejandro Eder, acompañó el homenaje y dejó una rosa blanca en memoria de las víctimas. Uno a uno fueron pronunciados los nombres de 154 personas fallecidas en Cali. Por cada nombre hubo una rosa, una campana y un globo blanco.
Entre los asistentes estaban algunos de los rostros que se convirtieron en símbolo de la tragedia. Allí estuvo Ana María Saavedra, una joven de 21 años y única sobreviviente de su familia, además de periodistas y familiares que también perdieron a sus seres queridos.
Una mariposa en medio del homenaje
Durante la ceremonia ocurrió una escena inesperada.
Una mariposa de alas azules se posó sobre el brazo del alcalde Alejandro Eder y permaneció allí durante unos instantes.
El momento llamó la atención de los asistentes y terminó convirtiéndose en una imagen cargada de simbolismo en medio de una jornada marcada por el recuerdo y el dolor.
Mientras Cali homenajeaba a sus víctimas, en Bogotá también se realizó una eucaristía en la Casa de Nariño para recordar a las 331 personas que perdieron la vida en todo el país y a las familias que todavía enfrentan las consecuencias de la tragedia.
Pero detrás de esas cifras existen cientos de historias.
Y algunas hablan de una solidaridad que apareció en los momentos más difíciles.
“Póngase mis zapatos”
Una de esas historias es la de Óscar Martínez, quien vivía con su esposa y sus dos hijos en el apartamento 403A de las Torres del Limonar, en el sur de Cali.
El edificio terminó desplomándose.
Óscar y su familia lograron salir antes de que ocurriera lo peor. Según su relato, poco antes del terremoto observó cómo varios pájaros salían volando de manera inusual. Lo interpretó como una señal y decidió poner a salvo a su familia.
Minutos después, junto con otros vecinos que también habían conseguido salir, observó cómo el edificio caía.
Pero Óscar no se quedó mirando.
Sin zapatos, regresó hacia los escombros para buscar sobrevivientes.
Fue entonces cuando ocurrió uno de esos pequeños gestos que terminan convirtiéndose en grandes historias.
Un vecino se acercó y le preguntó si estaba rescatando personas.
Óscar respondió que sí.
El hombre se quitó sus zapatos y se los entregó.
“Tome, póngase mis zapatos”.
Después se marchó.
Con ese par de zapatos prestados, Óscar continuó buscando entre los restos del edificio y logró ayudar a cuatro personas, entre ellas una niña y un bebé.
👟 Una persona puso sus zapatos.
🧱 Otra se metió entre los escombros.
❤️ Y varias personas decidieron ayudar, incluso cuando ellas mismas acababan de sobrevivir a una tragedia.
Un mes después
El terremoto dejó destrucción, pérdidas y familias que todavía intentan reconstruir sus vidas. Pero también dejó historias de personas que, en medio del caos, decidieron regresar para ayudar a otros.
Un mes después, Óscar sigue siendo un sobreviviente. Pero también forma parte de la memoria de una tragedia que demostró que detrás de cada cifra hay un rostro, una familia y una historia.
Porque los números permiten dimensionar una tragedia.
Pero son las historias las que permiten entenderla.