Tim Andrews, un hombre de 66 años con insuficiencia renal, logró pasar 271 días sin diálisis gracias a un riñón de cerdo modificado genéticamente. El caso podría marcar un nuevo camino frente a la escasez de órganos para trasplantes.
Lo que hasta hace algunos años parecía imposible comienza a convertirse en una alternativa real para la medicina. Un hombre de Estados Unidos logró vivir durante 271 días con un riñón de cerdo modificado genéticamente, antes de recibir con éxito un riñón humano.
El protagonista es Tim Andrews, quien padecía una enfermedad renal terminal asociada a la diabetes tipo 2 y llevaba alrededor de dos años sometido a hemodiálisis. Sus posibilidades de conseguir un riñón humano en un plazo de cinco años eran muy bajas, mientras que el riesgo de morir o salir de la lista de espera era considerablemente mayor.
Ante este escenario, los médicos del Massachusetts General Hospital, en Estados Unidos, recurrieron a una alternativa experimental: un riñón procedente de un cerdo genéticamente modificado.
Un órgano diseñado para funcionar en un humano
El riñón utilizado en el procedimiento había sido sometido a 69 modificaciones genéticas con el objetivo de hacerlo más compatible con el organismo humano y reducir los riesgos de rechazo y transmisión de patógenos.
El órgano comenzó a funcionar inmediatamente después del trasplante y permitió que Andrews dejara de necesitar diálisis durante los siguientes meses. Aunque presentó un episodio inicial de rechazo inmunológico, los médicos lograron controlarlo mediante tratamiento. Además, no se detectó transmisión de patógenos procedentes del cerdo.
Sin embargo, aproximadamente seis meses después, el paciente tuvo una infección que obligó a reducir su tratamiento inmunosupresor. Posteriormente, el riñón porcino desarrolló lesiones microscópicas en los vasos sanguíneos e inflamación que terminaron provocando la pérdida de su función.
El órgano fue retirado después de 271 días, pero la historia no terminó allí.
Del riñón de cerdo al riñón humano
En enero de 2026, Andrews recibió finalmente un riñón humano de un donante fallecido. El nuevo órgano comenzó a funcionar de inmediato y, durante el seguimiento, no se encontraron señales de que el trasplante porcino hubiera provocado una sensibilización que dificultara el procedimiento.
El caso es considerado un hito porque representa la primera transición documentada de un trasplante de riñón porcino a uno humano, y además registra el período más largo sin diálisis conseguido hasta ahora después de un xenotrasplante renal en una persona viva.
¿Podrían los órganos de animales solucionar la falta de donantes?
Los investigadores creen que este tipo de procedimientos podría utilizarse inicialmente como una especie de puente para pacientes que esperan un órgano humano.
La idea sería utilizar un órgano porcino modificado para mantener al paciente en mejores condiciones y evitar largos períodos de diálisis mientras aparece un donante compatible.
Aun así, la técnica continúa siendo experimental. El caso de Andrews también permitió identificar problemas que los científicos deberán resolver, especialmente relacionados con la respuesta inmunológica, la ingeniería genética de los órganos y los tratamientos necesarios para evitar su deterioro.
La investigación fue publicada en The Lancet y, según los especialistas, representa un paso importante hacia una posible solución a uno de los grandes problemas de los trasplantes: hay muchos más pacientes esperando órganos que órganos humanos disponibles.