Investigadores de 15 países identificaron 1.275 variantes genéticas relacionadas con rasgos como la extroversión, la amabilidad y la responsabilidad, aunque el ADN no determina por completo cómo somos.

La frase “viene de familia” podría tener más fundamento científico del que pensamos. Un estudio internacional publicado en Nature, con información genética de más de un millón de personas, encontró evidencia de que determinadas variantes del ADN están relacionadas con diferencias individuales en la personalidad.

La investigación fue liderada por Ted Schwaba, doctor en Psicología de la Universidad de Michigan, y contó con la participación de cerca de 130 investigadores de Australia, Canadá, Dinamarca, Estonia, Finlandia, Francia, Alemania, Islandia, Italia, Países Bajos, Noruega, Singapur, Suecia, Reino Unido y Estados Unidos.

Para realizar el análisis, los científicos reunieron información procedente de 46 grupos de cohortes, con muestras que llegaron a superar el millón de participantes. Entre los datos utilizados estuvieron registros de UK Biobank, Estonian Biobank y The Twins Early Development Study.

Uno de los objetivos era precisamente separar la influencia de los genes de la que puede tener el entorno familiar. El estudio incluyó personas de ascendencia europea y africana, además de miembros de una misma familia, lo que permitió analizar con mayor precisión qué diferencias podían estar relacionadas con la genética y cuáles con las experiencias compartidas.

¿Qué relación encontraron entre ADN y personalidad?

Los investigadores identificaron 1.275 variantes genéticas principales asociadas con los llamados Cinco Grandes rasgos de personalidad, un modelo utilizado en psicología para describir diferentes dimensiones del comportamiento humano.

De todas las variantes encontradas, 824 fueron identificadas como nuevas en relación con estos rasgos.

Los Cinco Grandes son:

  • Extraversión: relacionada con la sociabilidad, la energía y la asertividad.
  • Amabilidad: vinculada con la generosidad, la confianza y el respeto hacia los demás.
  • Responsabilidad: relacionada con la organización, la eficiencia y el sentido del deber.
  • Neuroticismo: asociado con la estabilidad emocional y la tendencia a experimentar emociones negativas.
  • Apertura a la experiencia: relacionada con la curiosidad, la creatividad y la disposición a experimentar cosas nuevas.

Los resultados muestran que las variantes genéticas comunes explican una proporción moderada de las diferencias observadas entre las personas. Dependiendo del rasgo analizado, estas variantes explicarían entre el 4,8 % y el 9,3 % de la variación.

Cuando se tienen en cuenta instrumentos de medición con una fiabilidad considerada típica, la proporción aumenta hasta aproximadamente entre el 9,3 % y el 13,3 %.

El ADN no puede predecir quiénes seremos

Aunque los resultados muestran una relación entre genética y personalidad, los investigadores advierten que esto no significa que nuestra personalidad esté escrita en el ADN.

Una persona no puede hacerse una prueba genética y descubrir con precisión si será extrovertida, responsable, amable o creativa. Los genes representan solamente una parte de los factores que participan en el desarrollo de la personalidad.

El entorno, la educación, las relaciones sociales y las experiencias que acumulamos a lo largo de la vida también tienen una influencia importante.

Precisamente por eso, los investigadores consideran relevante haber encontrado señales genéticas que se repiten en diferentes poblaciones, edades y métodos utilizados para medir la personalidad.

¿Por qué es importante este descubrimiento?

La personalidad está relacionada con numerosos aspectos de la vida, desde el desempeño laboral hasta determinados comportamientos y resultados relacionados con la salud física y mental.

Hasta ahora, numerosos estudios realizados con gemelos y familiares ya habían mostrado que algunos rasgos de personalidad podían presentar componentes hereditarios. Sin embargo, identificar las variantes genéticas concretas era mucho más difícil debido a la enorme cantidad de participantes necesaria para detectar señales pequeñas.

La escala de este nuevo análisis permitió avanzar en esa dirección.

Para Ted Schwaba, este tipo de investigaciones permite comprender mejor cómo interactúan el ADN que heredamos y las experiencias que vivimos para contribuir a convertirnos en quienes somos.

El estudio, por tanto, no demuestra que nuestros genes determinen nuestra personalidad. Lo que muestra es algo más complejo: la personalidad surge de la interacción entre nuestra biología y el mundo en el que vivimos.

Así que sí, algunas características podrían “venir de familia”, pero la ciencia indica que nuestro ADN es solo una parte de la historia.