El consumo de alcohol entre los adolescentes ha disminuido en los últimos años, pero los expertos advierten que esto no significa que hayan desaparecido las conductas de riesgo.
Durante las últimas décadas se ha registrado una reducción en el consumo de alcohol entre los jóvenes, una tendencia que también se refleja en Colombia. Sin embargo, mientras algunas prácticas pierden fuerza, otras empiezan a generar preocupación.
El Estudio Nacional de Consumo de Sustancias Psicoactivas en Población Escolar 2022 encontró que cinco de cada 10 estudiantes entre los 12 y 17 años han consumido bebidas alcohólicas alguna vez en su vida, mientras que dos de cada cinco lo hacen regularmente.
Aunque las cifras continúan siendo altas, representan una disminución frente a los resultados de estudios realizados en 2004, 2011 y 2016.
Esta tendencia también se ha observado en diferentes países de ingresos altos. Investigaciones publicadas en la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos señalan que, desde mediados de la década de 2000, los adolescentes son menos propensos a consumir alcohol, comienzan a hacerlo a edades más avanzadas y, cuando consumen, lo hacen con menor frecuencia y en menores cantidades.
¿Por qué están tomando menos?
Los expertos relacionan este cambio con varios factores. Entre ellos aparecen una mayor preocupación por la salud, el deseo de mantener una mejor condición física y ser más productivos, además de una mayor conciencia sobre las consecuencias del consumo de alcohol.
Las redes sociales también han cambiado la percepción de los jóvenes sobre su imagen y comportamiento. Lo que antes podía quedar en el ámbito privado ahora puede terminar expuesto públicamente en internet.
A esto se suman las campañas de prevención, los cambios en la legislación y una transformación en las dinámicas familiares. Por ejemplo, prácticas que anteriormente podían normalizarse dentro de algunos hogares, como que los padres enseñaran a sus hijos a consumir alcohol, han perdido presencia.
Pero existe una advertencia importante: que los jóvenes consuman menos alcohol no significa necesariamente que estén asumiendo menos riesgos.
El riesgo simplemente está cambiando
Andrea Manjarrés Herrera, psicóloga y representante regional del Campo de Psicología Social y Comunitaria del Colegio Colombiano de Psicólogos, explica que las conductas de riesgo están adoptando nuevas formas.
Según la especialista, fenómenos como el vapeo y el uso problemático de las redes sociales han adquirido mayor relevancia entre los jóvenes.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) también ha advertido sobre este fenómeno. De acuerdo con sus datos, el uso problemático de redes sociales entre adolescentes aumentó del 7 % al 11 % a nivel global entre 2018 y 2022.
El cambio representa un nuevo desafío para las familias y las instituciones. Mientras antes una de las principales preocupaciones podía ser que los adolescentes pasaran demasiado tiempo fuera de casa, hoy también existe el reto de controlar cuánto tiempo permanecen conectados y qué tipo de contenidos consumen.
Por eso, los especialistas consideran que la prevención no puede recaer únicamente en los padres. La regulación de las plataformas digitales, el sistema educativo y el sector de la salud también tienen un papel importante.
El alcohol todavía representa un problema
A pesar de la tendencia a la baja, el consumo entre menores continúa siendo significativo.
El estudio colombiano encontró que la edad promedio de inicio es de 13 años y que aproximadamente la mitad de los estudiantes entre 12 y 17 años ya ha probado alcohol al llegar a los 14.
También existen diferencias importantes. Las estudiantes mujeres reportaron un mayor consumo que los hombres: tres de cada 10 mujeres dijeron haber consumido alcohol durante el último mes, frente a dos de cada 10 hombres.
El consumo también es más elevado entre estudiantes de instituciones privadas que entre quienes asisten a colegios públicos.
Entre las bebidas más consumidas por los escolares aparecen la cerveza, el aguardiente, el vino y el ron.
El panorama deja una conclusión clara: los jóvenes están bebiendo menos que generaciones anteriores, pero los riesgos no han desaparecido; están cambiando de forma. El desafío ahora es entender esas nuevas conductas antes de que se conviertan en problemas de mayor escala.