El 1 de septiembre de 1902 se estrenó ‘Viaje a la Luna’, la película de George Méliès que es considerada una de las obras fundacionales de la ciencia ficción y que revolucionó la manera de contar historias en la pantalla.
Mucho antes de que los grandes estudios utilizaran efectos digitales, pantallas verdes e inteligencia artificial para crear mundos imposibles, un cineasta francés decidió apuntar una cámara hacia la Luna y hacer algo que parecía imposible para su época.
Su nombre era George Méliès y su película, ‘Viaje a la Luna’ (‘Le Voyage dans la Lune’).
Este 1 de septiembre de 2026 se cumplen 124 años de su estreno en Francia, una producción que, con apenas unos 14 minutos de duración, se convirtió en uno de los grandes puntos de partida del cine fantástico y de ciencia ficción.
La película cuenta la historia del profesor Barbenfouillis y un grupo de científicos que emprenden un viaje hacia la Luna a bordo de un proyectil disparado desde un enorme cañón. Una vez allí, los exploradores se encuentran con un mundo desconocido y con los llamados selenitas, habitantes de la Luna.
La historia estaba inspirada en obras de escritores como Julio Verne y H. G. Wells, pero fue Méliès quien llevó esas ideas al lenguaje cinematográfico.
Una película adelantada a su tiempo
A comienzos del siglo XX, las películas normalmente eran extremadamente cortas y se limitaban a mostrar situaciones cotidianas o escenas sencillas.
Méliès tenía otra idea.
El director, que también había trabajado como ilusionista, descubrió que la cámara podía convertirse en una herramienta para crear trucos y mundos imposibles.
Uno de sus recursos más famosos fue el efecto de sustitución en cámara. Méliès detenía la grabación, modificaba elementos de la escena y volvía a poner la cámara en funcionamiento. De esta manera conseguía hacer desaparecer personajes, transformar objetos o crear apariciones que, para el público de la época, parecían auténtica magia.
También utilizó maquetas, escenografías teatrales, disfraces y múltiples trucos visuales para representar el viaje espacial.
El resultado fue una película que no solo contaba una historia: buscaba sorprender al espectador.
La imagen que se convirtió en historia
Probablemente la escena más recordada de ‘Viaje a la Luna’ es aquella en la que el proyectil de los protagonistas impacta directamente contra el rostro de la Luna.
La imagen de la Luna con el cohete incrustado en uno de sus ojos se convirtió con el paso de los años en uno de los fotogramas más reconocibles de la historia del cine.
Méliès incluso experimentó con el color.
Aunque la película fue filmada originalmente en blanco y negro, algunas copias fueron coloreadas posteriormente de manera artesanal en un taller de París. El proceso requería que diferentes trabajadoras pintaran manualmente los fotogramas.
También ayudó a construir la narrativa cinematográfica
Otro de los grandes aportes de la película fue su duración y estructura.
En una época en la que muchas producciones apenas duraban uno o dos minutos, ‘Viaje a la Luna’ alcanzaba aproximadamente 14 minutos y desarrollaba una historia con planteamiento, desarrollo y desenlace.
Esto ayudó a demostrar que el cine podía utilizarse para contar historias completas, y no solamente para registrar escenas o acontecimientos.
Su influencia se extendería durante décadas y terminaría inspirando a generaciones de cineastas y artistas.
Una historia de éxito que terminó en tragedia
El éxito de la película también tuvo un lado oscuro.
Las producciones de Méliès fueron copiadas y distribuidas en otros mercados sin su autorización. En Estados Unidos, Thomas Edison obtuvo copias de ‘Viaje a la Luna’ y las distribuyó comercialmente, aprovechando el éxito de la producción.
Méliès no recibió beneficios de buena parte de esas reproducciones y, con el paso de los años, su situación económica se deterioró hasta llevarlo prácticamente a la ruina.
El hombre que había ayudado a imaginar viajes a la Luna terminó alejado de la industria que había contribuido a transformar.
124 años después, su idea sigue viva
Hoy, más de un siglo después, los cineastas pueden crear planetas completos, ciudades digitales y criaturas imposibles utilizando computadoras, efectos visuales e inteligencia artificial.
Pero muchas de esas ideas parten de una misma premisa que Méliès entendió desde los primeros años del cine:
la cámara no tenía que limitarse a mostrar la realidad; también podía crearla.
‘Viaje a la Luna’ no fue la primera película de la historia, pero sí se convirtió en una de las producciones que demostraron que el cine podía transportar al público a lugares que todavía no conocía.
Y quizás esa sea la razón por la que, 124 años después, un cohete clavado en el ojo de la Luna continúa siendo uno de los símbolos más poderosos de la imaginación cinematográfica.