La cocaína supera al petróleo: así retrata The Economist el negocio del narcotráfico en Colombia
Un reportaje de The Economist recorrió diferentes eslabones de la cadena del narcotráfico en Colombia, desde barrios de Cali hasta zonas de producción y rutas de salida hacia Europa. La publicación plantea cómo el negocio de la cocaína dejó de ser exclusivamente rural y se convirtió en una economía que atraviesa distintos sectores del país.
La revista británica The Economist publicó un ensayo fotográfico realizado por el fotoperiodista danés Mads Nissen, quien siguió durante varios años diferentes etapas de la cadena de producción y tráfico de cocaína en Colombia.
El recorrido comienza en sectores periféricos de Cali y continúa por zonas rurales donde se cultiva la hoja de coca, laboratorios clandestinos y áreas utilizadas para transportar la droga hacia los mercados internacionales.
De acuerdo con las cifras citadas por la publicación, el negocio mundial de la cocaína tendría un valor aproximado de 15.000 millones de dólares y Colombia continuaría siendo el principal productor mundial, con una participación cercana al 70 % de la cocaína que llega al mercado internacional.
El reportaje también retoma una conclusión que ha sido señalada previamente por investigadores colombianos: el valor económico de la cocaína ha adquirido una dimensión que permite compararlo con algunos de los principales productos de exportación del país.
Sin embargo, para The Economist el aspecto más importante no está únicamente en las cifras, sino en cómo el narcotráfico atraviesa diferentes niveles de la sociedad colombiana.
De los barrios de Cali a las estructuras armadas
Uno de los puntos de partida del reportaje es Potrero Grande, en Cali, donde la revista recoge testimonios de jóvenes que crecieron en un entorno marcado por la violencia y la falta de oportunidades laborales.
El caso de Brian, un joven entrevistado por Nissen, sirve para mostrar cómo algunas estructuras criminales encuentran mano de obra en comunidades donde las posibilidades de acceder a empleos formales son limitadas.
El reportaje describe un escenario en el que las organizaciones ilegales pueden ofrecer dinero a jóvenes que no encuentran oportunidades en la economía formal, mientras ejercen control sobre determinados territorios.
La publicación plantea así que el narcotráfico no puede analizarse únicamente como un problema relacionado con los cultivos de coca. También existe una dimensión urbana vinculada con el reclutamiento, la violencia, el lavado de dinero y las redes que permiten que la droga llegue hasta los consumidores.
El recorrido de la cocaína
Nissen ha documentado la cadena de producción de cocaína desde 2016. Su trabajo muestra diferentes etapas del proceso, comenzando con los cultivos de coca en regiones rurales y continuando con los laboratorios donde la hoja es transformada mediante procesos químicos.
El reportaje también pone la mirada en las zonas del Pacífico colombiano, consideradas estratégicas para las organizaciones dedicadas al tráfico internacional de drogas.
Desde allí, las estructuras criminales buscan conectar la producción con rutas marítimas que permiten transportar la cocaína hacia mercados internacionales, especialmente Europa y Norteamérica.
Para The Economist, esta conexión demuestra que el problema no termina en Colombia. La cadena también depende de la demanda existente en los países consumidores.
Una economía paralela
Uno de los planteamientos centrales de la publicación es que el narcotráfico ha dejado de ser un fenómeno exclusivamente asociado a zonas selváticas o grupos armados.
En algunas regiones donde la presencia estatal es limitada, la economía ilegal puede convertirse en una fuente de ingresos para comunidades enteras.
Esta situación genera uno de los principales desafíos para las autoridades: combatir las estructuras criminales sin dejar a las comunidades que dependen de estas economías sin alternativas de subsistencia.
El reportaje también aborda la situación de Cali y los intentos de transformar sectores afectados históricamente por la violencia. The Economist menciona, por ejemplo, la propuesta de cambiar el nombre de Potrero Grande por Nuevo Amanecer, como parte de una estrategia de renovación y transformación urbana.
Sin embargo, los testimonios recogidos por Nissen muestran que los cambios de imagen no necesariamente significan que los problemas estructurales hayan desaparecido.
El nuevo escenario frente al narcotráfico
La publicación también analiza las promesas del gobierno de Abelardo de la Espriella, quien ha planteado una estrategia de confrontación directa contra las organizaciones dedicadas al narcotráfico.
Según el reportaje, el Gobierno ha anunciado una política de “guerra total” contra los grupos criminales, acompañada de un paquete de seguridad respaldado por Estados Unidos por aproximadamente 1.000 millones de dólares.
The Economist pone estas medidas en el contexto de los diferentes intentos que Colombia ha realizado durante décadas para combatir el narcotráfico y las organizaciones armadas.
La publicación plantea que una nueva ofensiva militar y de seguridad tendrá que enfrentar estructuras que han demostrado capacidad para adaptarse, ocupar territorios y reemplazar rápidamente a sus integrantes.
Un problema que llega hasta Europa
Uno de los elementos que diferencia el reportaje es que no se queda en Colombia.
The Economist conecta los cultivos, los laboratorios y las rutas de transporte con el consumidor final en Europa, mostrando que el negocio funciona como una cadena internacional en la que participan diferentes actores.
En otras palabras, la cocaína que comienza su recorrido en las zonas rurales de Colombia termina formando parte de un mercado global.
Por eso, el reportaje plantea que el problema del narcotráfico no puede explicarse únicamente desde la producción. Mientras exista una demanda internacional suficientemente rentable, las organizaciones criminales tendrán incentivos para mantener las rutas y buscar nuevas formas de transportar la droga.
El trabajo de Mads Nissen deja así una mirada sobre un fenómeno que continúa transformándose. Más allá de las cifras de producción y exportación, el narcotráfico sigue teniendo efectos sobre la seguridad, las economías locales, las comunidades y la política colombiana.
La conclusión de The Economist apunta a un desafío que Colombia lleva décadas intentando resolver: combatir las estructuras ilegales mientras se construyen alternativas económicas y sociales que reduzcan el espacio que estas organizaciones encuentran en los territorios.