Un uso excesivo de pantallas puede afectar el sueño, la concentración y la salud mental de niños y adolescentes. Aquí te contamos cómo reconocerlo a tiempo y qué hacer.

Bogotá, junio de 2025 — Redacción Bienestar Familiar

En medio del auge tecnológico, cada vez más niños y adolescentes tienen acceso a teléfonos inteligentes, tabletas y videojuegos. Aunque estos dispositivos pueden ser herramientas de aprendizaje y entretenimiento, expertos en salud mental y pediatría advierten sobre los riesgos de un uso excesivo o inadecuado.


🚨 ¿Cuáles son las señales de alerta?

Padres, cuidadores y docentes deben estar atentos a ciertos comportamientos que podrían indicar un uso problemático o incluso una adicción digital:

  • Cambios en el estado de ánimo cuando no tienen el dispositivo (ansiedad, irritabilidad, tristeza).

  • Pérdida de interés por otras actividades, como deportes, juegos presenciales o tiempo en familia.

  • Disminución del rendimiento escolar o falta de concentración.

  • Trastornos del sueño: se duermen tarde o se despiertan varias veces para revisar el celular.

  • Aislamiento social, especialmente si prefieren interactuar virtualmente más que en persona.

  • Uso oculto o mentiras sobre el tiempo de pantalla.


👩‍⚕️ ¿Qué dicen los especialistas?

La psicóloga infantil Camila Herrera, de la Fundación Crecer, advierte que “el uso de dispositivos debe tener límites claros. Si el celular se vuelve una vía para evadir emociones o conflictos, estamos ante una señal crítica.”

Según la Asociación Colombiana de Pediatría, el tiempo de pantalla recomendado varía por edad:

  • Menores de 2 años: evitar pantallas.

  • De 2 a 5 años: máximo una hora al día.

  • De 6 a 12 años: hasta dos horas con supervisión.

  • Adolescentes: establecer acuerdos familiares y rutinas tecnológicas.


🛠️ Tips para prevenir la dependencia digital

  1. Establece horarios y límites claros para el uso de dispositivos.

  2. Modela un buen ejemplo: los adultos también deben tener momentos libres de pantallas.

  3. Fomenta actividades alternativas, como lectura, deporte, juegos físicos o arte.

  4. Crea “zonas libres de pantallas” en casa, como el comedor o el dormitorio.

  5. Usa controles parentales y revisa los contenidos que consumen.

  6. Habla con tus hijos sobre lo que ven, sienten y hacen en línea.


🔎 ¿Cuándo buscar ayuda profesional?

Si los cambios de comportamiento son drásticos, persistentes o interfieren con su vida cotidiana, lo ideal es acudir a un psicólogo infantil o un terapeuta familiar. La intervención temprana es clave para evitar problemas mayores como ansiedad, depresión o aislamiento social.


En resumen: La tecnología es parte del presente, pero su uso debe ser equilibrado. Observar, dialogar y establecer límites con cariño puede marcar la diferencia en el desarrollo sano de niños y adolescentes.