Una dieta descuidada, poco o nada de ejercicio y mal sueño se relacionan con deterioro y envejecimiento del organismo. Estos malos hábitos de estilo de vida conllevan también a un mayor riesgo de afecciones cardiovasculares como presión arterial alta, enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares.

Estas son algunas señales que envía nuestro cuerpo para avisarnos de que el estrés está causando estragos y debemos tomarnos una pausa y las cosas con más calma y tranquilidad.

1. Mala hidratación, la gran enemiga
Una hidratación insuficiente tiene un impacto muy negativo sobre nuestro organismo. Nos hace propensos a sufrir cálculos renales y tener un mal funcionamiento del sistema urinario, y afecta la cognición y la memoria a corto plazo. Cuando la ingesta de líquidos es deficitaria y crónica se ha visto podría contribuir al desarrollo de hipertensión, trombo embolismo, ictus y otras enfermedades coronarias.

2. Esos tragos que nos roban días.
El consumo de alcohol se asocia con múltiples problemas para la salud a corto y largo plazo, incluyendo fundamentalmente deterioro cognitivo (demencia), neuropatía, alteraciones digestivas, daño en el hígado, en el páncreas, arritmias cardíacas o riesgo de cáncer etc. Dejar de beber alcohol no solo produce una mayor sensación de salud y bienestar, sino que previene el desarrollo de las enfermedades mencionadas. Los efectos negativos del alcohol pueden ser muy diferentes según el patrón de consumo y la susceptibilidad de cada persona al daño.

3. Su majestad el sueño.
Asimismo, la falta de sueño es un factor clave para el envejecimiento prematuro. Se altera el ritmo habitual del organismo y la segregación de ciertas hormonas, como el cortisol, lo que puede acelerar el envejecimiento y empeorar algunas enfermedades.

4. Ojo a los ritmos circadianos
Se sabe que el horario y composición de la comida es el gran sincronizador de los ritmos, y también que la alteración de los ritmos circadianos favorece la diabetes y la obesidad. Por ello, mantener regularidad en los horarios y controlar las horas en las que se hacen las comidas puede ayudar en la pérdida de grasa, ya que interviene en la regulación circadiana.