Stephen O’Loughlin, vicepresidente de una firma de inversiones de San Francisco, en Estados Unidos, descrito como una persona antivacunas, asesinó a su hijo de nueve años y luego se suicidó.
Los cuerpos fueron encontrados un día después que el hombre habría accedido a que el menor se vacunara tras negarse en varias ocasiones. O’Loughlin se había negado a permitir que el menor fuera vacunado desde muy pequeño. La madre del niño, decía que el hombre se había convencido que “el gobierno estaba tratando de controlar la mente de las personas”.
Las autoridades continúan en la investigación del caso.