No se puede entender cómo a esta hora de la civilización, cuando se han logrado conquistas impensadas en otra época como los avances en la comunicación o en la ciencia médica, todavía estemos empleando combustibles fósiles para el transporte y, los países más desarrollados detengan el uso de vehículos movidos con electricidad.
El petróleo sigue siendo la moneda mundial y el uso de sus derivados es factor primordial en los movimientos de la economía. Las grandes potencias mundiales están seriamente involucradas en el negocio del petróleo y ello explica por qué la tardanza para el empleo de la energía eólica, o la energía solar y otras alternativas al combustible que hoy moviliza los motores del planeta. Esas otras energías disminuyen la emisión de CO2 sobre la atmósfera, son amistosas con el medio ambiente y contribuyen al control del calentamiento global y el cambio climático.
El uso de la bicicleta como medio de transporte ya se impuso en algunas ciudades europeas y, en Bogotá, desde la alcaldía de Antanas Mockus, comenzaron a construirse rutas específicas para esa alternativa del transporte.
Cada día aumenta la legión de ciudadanos que se movilizan en bicicleta y, aquí en Manizales, en los últimos dos años han aparecido tiendas especializadas, las mujeres se han volcado a la práctica del ciclismo, centenares de universitarios y bachilleres la utilizan para su transporte.
Nuestra peculiar geografía, llena de pendientes y de cuestas, dificulta la construcción de ciclovías, pero existen tramos de nuestras avenidas, que mediante una acción técnica, podrían emplearse para la bicicleta, en estudiada alternancia con los medios convencionales como el vehículo automotor.
La administración municipal improvisó una ciclo banda a comienzos de la pandemia, la cual no ha estado exenta de críticas y reparos de los ciudadanos porque tiene problemas técnicos protuberantes, pero las ciudades, y Manizales no es la excepción, deben orientar su planeación hacia el uso de la bicicleta.
El Tribunal Administrativo acaba de derogar un fallo de una autoridad judicial que había ordenado la suspensión de la ciclo vía y prácticamente dio luz verde a la ejecución de esa iniciativa.
Entendemos que esta propuesta genera un choque cultural difícil de asimilar, pero mediante procesos de educación y sensibilidad, las gentes terminarán entendiendo sus bondades. Resistirse a ello es ir en contravía de la modernidad y de las nuevas alternativas de propuesta.
Si queremos una ciudad movida parcialmente a través de cables, el proyecto de la ciclovía se sintoniza perfectamente con aquella alternativa. Es pertinente acoplarnos a los tiempos modernos, no por ponernos en la moda, sino porque fenómenos como el calentamiento global demandan necesariamente el empleo de alternativas distintas al petróleo o al gas natural.
Resistirnos a la ciclovía es ir en contra de las nuevas propuestas de urbanismo, pero la iniciativa debe ser muy bien planificada, con criterios eminentemente técnicos, para que finalmente sea aceptada por la mayoría de los ciudadanos.