Hace unas semanas el presidente de Rusia, Vladimir Putin, anunció una vacuna rusa contra la COVID-19 lista para salir al mercado. La comunidad científica recibió la noticia con escepticismo pues Rusia no publicó ni nun estudio que respaldara su vacuna.

Pese a ello, el país comenzó a distribuirla entre su población, inicialmente en 40 mil habitantes de Moscú. Ayer el ministro de Salud ruso,  Mijaíl Murashko, reveló síntomas secundarios preliminares en una muestra de 300 voluntarios.

“Más de 300 personas fueron vacunadas. Aproximadamente un 14 por ciento de ellas se quejaron de un poco de debilidad, leves dolores musculares a lo largo del día y, a veces, de fiebre“, comentó Murashko a la prensa local.