La respuesta que más he escuchado en conversaciones, aulas de clases y tertulias familiares es que sí. A mi juicio este es el mayor engaño que la cultura neoliberal nos ha querido vender en las últimas décadas, echarle la culpa de la pobreza a los pobres, pero nunca a las fatales circunstancias que proponen los Estados y las pésimas políticas de la economía neoliberal. 

Alrededor de este tema quisiera desmentir esta triste afirmación partiendo de visiones académicas que hoy en plena pandemia tienen mucha relevancia. Entre ellos están Adela Cortina y su libro “Aporofobia”, y Anthony Atkinson con su libro “Desigualdad”.

El concepto de aporofobia que traduce “el miedo y el odio hacia los pobres” es una consigna que para Adela Cortina todos tenemos. Ese rechazo y desprecio hacia los que menos tienen se ha expandido mucho más en los últimos años del neoliberalismo. Aunque parece paradójico que en un país como Colombia con tanta pobreza, mendicidad y tan pocas posibilidades y apuestas reales desde el Estado para superar estas situaciones, exista a la vez tanta aporofobia. 

Ahora “los pobres son pobres porque quieren” es un discurso que además de aporofóbico revictimiza a los pobres, primero porque las condiciones que tienen no les permite acceder a unos mínimos básicos para sobrevivir y desarrollar sus capacidades, y segundo porque muchas personas juzgan las formas en cómo les ha tocado vivir. Esta pandemia del coronavirus nos tiene que hacer reaccionar, en primera medida porque una cantidad de personas empezarán a ser pobres, segundo porque los pobres van a ser cada día más pobres y tercero, porque ese discurso de aporofobia creado por el neoliberalismo se tiene que empezar a desmontar, o al menos esa es la intención con esta columna. 

Esta sociedad siempre ha abogado por la igualdad de oportunidades, pero para el reconocido economista Atkinson la desigualdad de resultado es igual o más importante que la igualdad de oportunidades. Si se revisa con detenimiento las consecuencias de esta pandemia justamente tienen que ver con la desigualdad de resultado y lo intentaré explicar brevemente.

El desempleo, pero sobre todo el número de empresas y de emprendimientos en quiebra son una de las grandes tragedias que ha dejado el Coronavirus, personas que con sacrificio y dedicación de muchos años trabajaron para cambiar las realidades de su familia y su entorno más cercano huyendo de la pobreza. Esas personas que se puede decir, que estuvieron en igualdad de condiciones porque tuvieron la posibilidad de crear una empresa hoy se ven en la quiebra y a un paso de entrar a las cifras de la pobreza, y no porque quieran, sino porque las circunstancias o como diría Atkinson, la desigualdad de resultado lo generó. 

Es posible que muchos de esos que hoy están en bancarrota hayan sido en el pasado quienes juzgaron a los pobres por las condiciones cómo vivían, pero hoy, donde la mayoría volvemos a tener el remoquete de pobres, es el tiempo donde además de tener la actitud para salir de esa condición social también le tenemos que exigir al Estado políticas, recursos y voluntad para lograr salir de la pobreza.

El odio y el desprecio a los pobres, es decir, la aporofobia puede crear más daños que la misma pandemia. Ser indiferente ante las situaciones adversas por la que están pasando algunos empresarios y emprendedores de nuestros municipios y la población en general que día a día se levanta para poder sobrevivir, es no haber aprendido lo que el Covid–19 nos ha querido mostrar. Nuestra tarea entonces, es construir una sociedad desde lo económico, político y cultural, menos desigual, pero sobre todo hay que dejar tanto prejuicio dañino en contra de los pobres, porque nunca se sabe cuándo se pueden experimentar estas situaciones.

@julianelpolit

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