Una vez pasada y superada la enfermedad, lo que más preocupa a los pacientes son las posibles secuelas del SARS-CoV-2. Uno de los síntomas más nombrados como especialmente característico del COVID-19 es la pérdida del gusto y el olfato.

Los científicos llevan más de medio año estudiando la COVID-19. Se sabe que son muchos los pacientes que presentan síntomas neurológicos, desde la pérdida de olfato hasta un posible delirio o aumento del riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular.

Esto se debe a que nuestro organismo empieza a desplegar mecanismos que vencen el virus y en ese proceso crea algunos efectos secundarios que afectan el tejido cerebral. Por ello, es probable delirar y hasta perder la memoria. Pero, no hay de que preocuparse por dos motivos.

El primero es que a muy pocos pacientes les pasa eso y el segundo es que aún a quienes les pasa, es de forma temporal y no permanente.