El estadounidense Robert Mahony dio positivo para COVID-19 y no contagió a su hija, pero sí  a Buddy,  uno de sus perros. En abril la mascota empezó a tener dificultades para respirar, también producía mucosa muy espesa, en ese momento Mahony sospechó que el canino estaba infectado. Fue difícil para los dueños encontrar quien lo atendiera, pues los veterinarios no estaban trabajando y no se sabe mucho de los efectos de este virus en los animales.

A Buddy le hicieron varias pruebas, pero en las últimas se encontró que ya había superado el virus, de hecho hay dudas sobre si murió por COVID-19, como consecuencia de este o por enfermedades distintas. Lo que sí es seguro es que algunos órganos internos del animal se habían agrandado y tenía un soplo en el corazón. El 11 de julio el perro amaneció con síntomas más agresivos, incluso vomitando sangre, y debido a eso el veterinario y sus dueños decidieron sacrificarlo.