El confinamiento provocó en Noruega un retroceso de la mortalidad y la anulación de las ceremonias fúnebres. Como consecuencia del éxito del país en la lucha contra COVID-19, media docena de funerarias noruegas se han visto obligadas a pedir ayuda, según los registros públicos.

El 12 de marzo Noruega impuso las medidas “más restrictivas” que ha conocido en tiempos de paz: cierre de colegios, bares y muchos espacios públicos, prohibición de encuentros deportivos y culturales, reducción de los viajes al extranjero.

Gracias probablemente al aislamiento de los ancianos y al respeto de la distancia social, la mortalidad parece incluso haber disminuido. Noruega contabilizó un 6 por ciento menos de muertes en mayo que un año antes, y un 13% en junio.