Recientemente es noticia un rebrote de la llamada “Peste Negra”, la misma que hace siglos acabó con un tercio de la población de Europa.

Los nuevos casos se dieron en Mongolia, territorio interior de China continental. De inmediato se ordenó cuarentena y se alertó a las autoridades internacionales.

Sin embargo, pese a que la COVID-19 nos tiene en permanente alerta, el caso de la “Peste Negra” no debe alarmarnos demasiado ¿por qué?

Primero, porque está enfermedad también conocida como “peste bubónica”, nunca ha desaparecido. Siempre ha estado presente en el ambiente. Desde hace 600 años se descubrió la bacteria que la produce y desde entonces se sigue estudiando.

Se trata de la bacteria Yersinia pestis, la cual en 600 años de evolución no ha presentado fuertes mutaciones, por lo que es muy fácil controlar su reproducción al interior del cuerpo.

Segundo, debido a la poca variabilidad de la bacteria y a que hemos tenido siglos para combatirla, hace mucho existe tratamiento para la enfermedad a base de antibióticos que matan la bacteria.

Y tercero, porque esta es una enfermedad endémica de esa zona del mundo. Es decir que cada año se conocen casos de brotes de “peste bubónica” en Mongolia.

Esto no quiere decir que no debamos cuidarnos. Pero sí, que tampoco debemos alarmarnos en exceso por esta situación, pues no es un riesgo nuevo, es un peligro con el que hemos convivido por años.