Café con azúcar

Por: Omar Reina

En pocos días iniciaremos el segundo semestre de un extraño y caótico año 2020; hemos ido reacomodando muchos aspectos de nuestra vida para convivir con las restricciones, dándole más valor a ciertas cosas y proyectando con timidez el futuro cercano sin atrevernos a planear más allá de un par de meses, pues la falta de certezas limita cualquier pronóstico sobre lo que nos depara el destino.

Hace unas semanas se aprobaron los planes de desarrollo de gobernaciones y alcaldías; con frustración se dejaron de incluir soñadoras propuestas de campaña; la mayoría de las administraciones optaron por apostarle a metas y objetivos seguros y fáciles de cumplir, pues ya han perdido casi medio año de sus periodos y lo más seguro es que el recaudo de impuestos por rentas propias se verá afectado profundamente para el resto de este año e inicios del próximo, haciendo más difícil tener presupuesto para financiar las acciones de los gobiernos que atienden como pueden y con lo que tienen la emergencia.

Los pueblos tienen, en términos generales, dos tipos de ingresos: los recursos que les transfiere el Gobierno Nacional a través del sistema general de participaciones, sustentados entre otras cosas en su categoría y número de habitantes. Y los demás son recursos propios que provienen de los impuestos como el predial, industria y comercio y algunos servicios pagos de la administración; además de convenios, regalías y proyectos. En la situación actual, lo primero que se verá afectado será el recaudo de esas rentas propias y por eso los alcaldes la tendrán bastante difícil para ejecutar las obras y los programas que la gente les reclama; con una economía golpeada y unas tesorerías sin recursos para reactivarla.

Es un reto importante, que requiere innovar y pensar nuevas alternativas de acuerdo con los contribuyentes, que permitan pagar las obligaciones ciudadanas sin impactar más los golpeados bolsillos de comerciantes y trabajadores. Recordé una conversación que tuve con dos dirigentes cafeteros en el año 2014; me compartieron una idea sobre los impuestos que me parece bastante oportuna para el momento que vivimos actualmente. Se trata de Gilberto Giraldo, miembro del Comité Municipal de Cafeteros de Anserma y Marcelo Salazar, presidente del Comité Departamental de Cafeteros de Caldas. En ese entonces me hablaron de lo oportuno que sería para los campesinos, invertir los tiempos de los impuestos y aplicar los descuentos del predial durante el último trimestre del año, en los meses de octubre, noviembre y diciembre; cuando está en el pico más alto la cosecha cafetera y tienen ingresos significativos los productores de café; que en nuestro departamento son campesinos de pequeñas parcelas familiares. Además, la economía de una gran parte del comercio de nuestros pueblos depende directamente de los ingresos que llegan de la venta del café, su producción, sus insumos, sus jornales y los trabajos indirectos alrededor del cultivo que representa a los colombianos.

El año 2019 fue el tercero de mayor producción en la historia del café de Colombia; en total sumaron 14,6 millones de sacos de 60 kilos. Solo superado por los 16 millones de sacos que se produjeron en los años 91 y 92. Pareciera que el cultivo de café nos salva cuando hay crisis nacional y multiplica su producción para ayudar en algo a los bolsillos del país. Los buenos resultados según la Federación Nacional de Cafeteros, se lograron gracias al estado actual de la caficultura colombiana que hoy cuenta con los mejores indicadores de su historia: variedades resistentes en 83% de los cafetales; una edad promedio de 6,6 años; una densidad promedio de 5.243 árboles por hectárea y una productividad de 21,4 sacos por hectárea.

Estamos hablando de cerca de 560 mil familias que dependen del cultivo del café e impactan la economía de una porción bastante grande del país. Pero además son familias que pagan impuestos que podrían superar los 4,2 billones de pesos en las arcas de los municipios. Es momento que al interior de los concejos y asambleas se propongan y debatan unos planes de incentivos tributarios ambiciosos; periodos de borrón y cuenta nueva; condonación de intereses; acuerdos de pago por cuotas y lo más importante, lo propuesto por Marcelo y “Pelusa”, descuentos de pago al final del año; predial para el último trimestre cuando se venda la cosecha. Seguramente tendremos un 2021 que inicie con arcas llenas, ciudadanos a paz y salvo y administraciones ejecutando recursos y generando empleo en el nuevo comienzo económico del país.

Omar Andrés Reina M.
Viajador y Contador de Historias 
 
Líder de cambio, escritor, político, viajero y promotor de causas colectivas. Administrador de Mercadeo, Especialista en Economía Urbana y Regional, Magíster en Estudios Políticos.