La división de la semana en días tiene raíces antiguas en varias culturas y civilizaciones. En la antigua Babilonia, por ejemplo, se utilizaba un sistema de siete días que estaba vinculado a la observación de los cuerpos celestes, como el sol, la luna y los planetas conocidos en ese momento. Los babilonios asignaban un día de la semana a cada uno de los siete cuerpos celestes que podían ver a simple vista: el sol, la luna, Marte, Mercurio, Júpiter, Venus y Saturno.

Esto influyó en otras culturas, como la egipcia y la hebrea, que también tenían sistemas de siete días. La influencia babilónica se extendió aún más con la conquista de Alejandro Magno y la posterior difusión de la cultura helenística, que también adoptó esta estructura de siete días.

Con el tiempo, la influencia cultural y religiosa, especialmente en el caso del cristianismo, consolidó el uso de la semana de siete días en gran parte del mundo occidental. Los nombres de los días de la semana en muchos idiomas europeos están basados en los nombres de los cuerpos celestes o en deidades asociadas con ellos, lo que refleja la influencia de estas antiguas tradiciones.

En resumen, los días de la semana se desarrollaron a lo largo del tiempo, influenciados por observaciones astronómicas, creencias religiosas y prácticas culturales de diversas civilizaciones antiguas.