Líbano llevaba varios meses encaminado hacia la crisis, de hecho antes de comenzar la pandemia ya se registraba desempleo en más del 25% de la población.

En octubre del 2019 se presentaron protestas en contra del gobierno y en enero de 2020 empezó a trabajar el gabinete del primer ministro Hassan Diab. 

La explosión del 4 de agosto en Beirut, la capital del país, fue la gota que derramó el vaso. Según el gobierno es inadmisible que 2750 toneladas de nitrato de amonio estuvieran almacenadas de forma insegura. 

Diab culpa a la clase política tradicional de su fracaso y de la explosión en Beirut. Y como respuesta a la inconformidad del pueblo; varios funcionarios renunciaron, entre ellos, el primer ministro y cuatro funcionarios de altos cargos.